
¡Entre la niebla y el ostracismo
La fiebre y el olvido!
La fibra de las olas
Y el hálito de vida!
¡Se rasga la senectud de la noche
Y pedazos se hace el aire.
¡La sombra inquieta en el socavón se revuelca
Y el reflejo de la luz somnolienta,
Marca las horas y el paso del tiempo!
Solo por un instante tiene intensidad la vida. Solo por un instante vivifica la sangre y el cuerpo se agita. Se hace necesario entonces, degustar al máximo su fibra en nuestros tejidos.
Ver con los ojos del alma, la beatitud del universo. Extender a las estrellas la dulce mirada, y tocar con el intelecto, la gracia y belleza de la naturaleza.
El hombre y la mujer, seres grandiosos, hechos de sueños, amor y esperanzas. Complemento perfecto el uno del otro. Los animales, seres sintientes que hacen de nuestro entorno, vid de gratificación.
Y las plantas, espíritus silenciosos de letargo permanente, perfume embriagador y música de ensueño. Su oído, más fino que el de la polilla, y su vista, piélago de vida.
¡Sienten y no gimen, lloran y no cuentan!
¡El orbe en su completitud, esfera luminosa de encanto y misterio!
¡Sol, que en fiebre intensa el mundo vivifica!
¡Luna, que en su luz, el alma circunda!
* Imagen de Mishel Domenssain
Luz Marina Méndez Carrillo/18/10/2019/Derechos de autor reservados.
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