
¡Cuando para buscarte, al firmamento extiendo mi lamento!
He reunido el dolor de los caminos, y con ellos, he hecho un nudo. Para que no me sigan, para que no me toquen.
Clavada en el tiempo y detenida en el aire, he querido con la magia de mi pluma, dibujar tu nombre. Delinear paso a paso la belleza de tus días y el regocijo de tu alma.
Sé de tu sufrimiento, que en el mar del dolor has perdonado. ¡Disminuyendo mi espíritu, sonrojando mis mejillas!
Y entonces, mis manos silenciosas giran y el flamante corazón agita.
Dejemos que la sombra arrastre nuestro dolor y sus cicatrices; que el duro transcurrir las pulverice.
Y en manantial de vida vivificara nuestra esencia y la espada de fuego hará trizas la muralla que nos separa.
¡Escucha los latidos de mi sangre agitando tus caminos y rompiendo tu silencio!
¡Junta tus manos con las mías y veremos nuestros corazones más allá de las estrellas!
*
¡Mis noches se han hecho fuego
Y el hielo de mis labios pedazos!
¡Mírame tú!
Contando una a una las estrellas
E invocando tu nombre
Mi sangre se inquieta
Y el corazón te reclama
La furia del viento
Sacude mi existencia
Exhibiendo mis pechos
Y agitando mis caderas
¡Ven a mí!
¡Alegría de mi vida!
¡Luz del alma mía!
*Imagen: Desconozco la fuente
Luz Marina Méndez Carrillo/07022020/Derechos de autor, reservados.
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