
Puedo, cual manojo de naipes, unir los hilos de la indiferencia, que han permeado el transcurrir de mi existencia. La vida es vida si se vive. Y hubo épocas que no lo supe.
Decir, nada tiene que ver éste corazón, es una falacia. No doy un paso sin que pese en cada acto de mis días. Conectado al sentir de mi alma, que cuando ésta ansia su recorrido nocturnal, se desliza sigiloso por el cordón de plata, atado a ella en ferviente plegaria.
¡Y de esta manera, mi alma se hizo su esclava!
Hasta que un día, sacudiendo sus alas, apartó de sus dendritas éste necio corazón.
¿Qué será de mí, si atado sigues a mis cadenas?
¡No olvides que mi esperanza no es la tuya,
Ni mis lamentos resguardan tus aposentos!
Aparta tus huellas de mi camino.
Y la luz de tu mirada de mis pupilas
Y el corazón acongojado, deshizo sus maletas y quedó desilusionado. Ahora, taciturno y solo, deambula en busca del cáliz que sacie sus ansias, sus ansias benditas.
A un costado de su lecho y en evocación de su magia ardiente, exclamó con profunda abnegación:
*
Y sigo creyendo en el poder de las estrellas
El resplandor de la luna y su magia dulce y bella
En la noche callada
El mensaje de los luceros
La furia del mar
Y la congoja del viento
En la verdad de la lágrima que desliza en la mejilla
La sangre sobre el poema
Y el llanto del alma.
En la sinceridad de la inocencia
Reflejada en la pupila
En el epicentro de las manos
Y el crujir de las cadenas
En la intensidad de la luz solar
El fuego del relámpago y el silencio
De los labios atados.
* Imagen tomada de Pinterest
Luz Marina Méndez Carrillo/28102019/Derechos de autor reservados.
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