Josefina, la hermosa detective, a un paso de la muerte. No se descubre aún, la clase de sustancia o esencia que causó ese desenlace, pero lo cierto, yace inconsciente desde hace días, en cuidados intensivos, sin señal de mejoría.
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Mientras, Carlota, repite para sí. “ Si no sabes domar demonios, no agites los míos ” y sonríe burlonamente.
Acomoda el broche de su pendiente y dobla la hoja de su novela donde ha quedado escrita dicha frase.
Ese corazón, que en el amor no reparaba, ahora no cesa de latir. Se agita día y noche de forma extraña, hasta el punto de, hacer que sus vibraciones alcancen al clérigo, que yace en el mar de la incertidumbre y anhelos amorosos.
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Aimar abre el libro sagrado, en harás de encontrar la verdad que guíe su camino.
Impulsado por un rayo, coloca su mano en los proverbios del libro Poéticos y Sapienciales.
“ Inclina tu oído y escucha las palabras de los sabios ” Es lo que primero que abarca su mirada.
Decide seguir ojeando y detiene sus pupilas en el siguiente proverbio:
“ Hijo mío, está atento a mi sabiduría,
tiende tu oído a mi inteligencia,
Para que guardes el sentido de las cosas,
Y la ciencia de mis labios te proteja
Si, los labios de la extraña miel destilan,
Y su palabra es más suave que el aceite.
Pero su desenlace es amargo como ajenjo,
Agudo como espada de dos filos
Sus pies se precipitan a la muerte,
En el Seol sus pasos desembocan”
Cierra el libro sagrado y siente frío en el estómago. Palabras que han calado en lo profundo de su ser.
No supo en qué momento, su alma y espíritu fueron presa de desasosiego. No obstante, que ha luchado en forma interminable contra las garras del mal, lo que siente, no se le asemeja, pero, entorcha su corazón de tal manera, que la inquietud, vigilia e incomodidad, empiezan a hacer mella dentro de sí.
¡No es lo mismo la miel en los labios que veneno en el corazón!
Dice al santiguarse. Hinca su rodilla una vez más ante el Nazareno, y vocifera en voz baja:
¡Padre de la esperanza,
Señor de amor y vida!
¡Luz de conmiseración
Fuego de mis entrañas!
No sea mi actuar
censura
Para el alma
Conozco sus llagas
Y desgarros del corazón
Pero en cosas de amor
Nada se le asemeja
¿Qué es esto, Señor?
Qué anochecer y amanecer
Quema mis entrañas
Hierve mi sangre
Siente mi conciencia
Que contra el cielo no peca
Vivifica mi sapiencia
Y clarifica mi intelecto
Amar no es errar
Pecar es de humanos
Perdonar es divino
Toma entre sus manos el rosario y se contesta: La voz de la conciencia, indudablemente, la voz de Dios. Uno es el camino y sus látigos, otro, es el destino. Se ha de elegir con sapiencia. Nadie lo hará por mí.
Toma un pañuelo de su bolsillo y seca el sudor de su frente. Extiende la camándula sobre la cama y se tumba sobre ésta, en aras de apaciguar el calor que aviva en sus labios y agita en su sangre.
Imagen tomada de AminoApp.com
Luz Marina Méndez Carrillo/25092019/Derechos de autor reservados.
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